¿Qué es el radiador?
Es un intercambiador de calor compuesto por una matriz de tubos muy finos y aletas metálicas (generalmente de aluminio o cobre), ubicado en la parte frontal del vehículo detrás de la parrilla. Los depósitos laterales o superior/inferior (de plástico en los modelos modernos) recogen y distribuyen el refrigerante a través de los tubos.
Trabaja en conjunto con el ventilador del motor (o eléctrico) que fuerza el flujo de aire a través de sus aletas cuando la velocidad del vehículo no es suficiente para hacerlo naturalmente.
¿Para qué sirve?
Recibe el refrigerante hirviendo que sale del bloque del motor y lo circula a través de sus finos tubos. El aire que choca contra las aletas (ya sea por el movimiento del vehículo o por el ventilador) extrae ese calor y lo disipa hacia el ambiente. El refrigerante, ahora a menor temperatura, regresa al motor para repetir el ciclo.
El motor de combustión interna es muy ineficiente térmicamente: solo entre el 25% y el 35% de la energía del combustible se convierte en movimiento. El resto se convierte en calor que debe evacuarse continuamente para evitar daños.
Señales de problemas
- Manchas de líquido refrigerante (verde, rosa o naranja) debajo del vehículo, generalmente hacia el frente.
- Sobrecalentamiento frecuente del motor, especialmente en tráfico lento o con el aire acondicionado encendido.
- Nivel de refrigerante que baja constantemente sin fugas visibles externas (puede estar escapando internamente hacia el motor).
- Aletas del radiador visiblemente aplastadas, dobladas o tupidas de insectos, barro u hojas.
- Refrigerante con apariencia turbia, oxidada o con partículas en suspensión: señal de corrosión interna.
¿Cada cuánto se da mantenimiento?
El radiador no tiene un kilometraje fijo de reemplazo. Se cambia cuando presenta fugas irreparables u obstrucción interna severa. El lavado periódico del sistema previene la mayoría de los problemas.
Consejos de mantenimiento
- NUNCA uses agua de grifo en el radiador. Los minerales que contiene oxidan el aluminio internamente y crean sarro que puede obstruir los finos tubos del radiador y el termostato. Usa siempre refrigerante pre-mezclado de buena calidad.
- Si tu radiador tiene una fuga pequeña y constante, evita los "selladores milagrosos" en botella. Estos productos suelen taponar los conductos finos del sistema y pueden causar más daño del que reparan. Opta por una reparación correcta.
- Mantén limpia la parte frontal del radiador: insectos y barro acumulados en las aletas reducen drásticamente la eficiencia de disipación de calor. Límpiala con agua a baja presión.
- Revisa regularmente el nivel y el estado del refrigerante en el depósito de expansión. El refrigerante se degrada con el tiempo y pierde sus propiedades anticorrosivas y antiebullición.